Periodismo

Salón – día

Para finalizar, los dos géneros periodísticos más importantes. ¿Alguien sabe cuáles son? ¿Nadie? La nota informativa y el reportaje. La nota es el género más usado porque es el más sencillo de todos. Es un texto muy corto que nos va a contar un solo hecho. Imagínense, en el primer párrafo tienen que poner lo más importante. ¿Por qué? Porque la gente no tiene tiempo de andar leyendo descripciones ni opiniones, quieren saber qué paso, dónde y a lo que sigue. Un muerto, un robo, un asalto y al partido de futbol. La nota tiene en promedio cinco párrafos y ninguno de esos párrafos debe pasar de las sesenta palabras. Cualquiera puede escribir una nota. Cuando yo estaba en El Satélite, escribía treinta notas al día. Todas siguen la misma fórmula: Un título llamativo y corto, primer párrafo lo más importante, y en los otros cuatro van describiendo más. Eso es todo. Se escribe de manera simple, nada de palabras domingueras, esas guárdenlas para la tesis. Aquí tiene que ser sencillo. Su nota la va a leer la gente común y corriente, más corriente que común.

-No mames, Adri, pinche clase está de hueva. Vamos por un café, güey, si no me voy a quedar dormido.

-Ve tú. A mí esto sí me interesa. Sabes que yo quiero ser periodista.

-Ya sé, güey, como la chaira de la Aristegui. Ahorita regreso, cuando este anciano deje de hacer sus chistecitos pendejos.

Transporte – noche

¿Qué onda, pinche Luis? ¿Cómo andas, wey? Yo igual bien, carnal. Solo ando medio sacado de pedo por la pinche Cristina… No, no hemos cortado pero la hija de la chingada sigue sin darme el culo. No mames, neta ya no sé qué hacer. A ti te consta que soy un buen hombre: le compro flores, la saco a pasear, la llevo a comer. Neta que cualquier otra vieja estaría loca por un cabrón como yo… Sí, wey, ya no sé qué quiere que haga. Apenas que fue catorce de febrero le regalé un pinche osote de dos metros, me cae que me lucí con eso. Pinche oso ni cabía por la puerta de su cuarto. ¿Y crees que la muy culera no quiso hacerlo anal ese día? No mames, me sentí de la verga. Al chile hasta tenía ganas de chillar pero me aguanté, ya sabes que si una morra te ve llorando ya no te respeta… Le dije que si seguía con sus pendejaditas de que le va a doler, todo se va a ir a la mierda… Sí wey, bien putos caros. Sin mamada me gasté como mil quinientos varos en ese pinche oso y para que la pendeja no quisiera darme esas nalgas. Vale verga… Pues sí, al final por lo menos me la chupó, pero sabes que estos tres años lo único que he querido es ese culito. En la noche me la chupó y ni le avisé cuando ya iba a venirme, le llené toda la boca de semen. “Te lo mereces, por culera”, le dije. Como que se emputó pero no mames, no podía decirme nada. Ese pinche osote no es de a gratis. Con su mamadita todavía me queda a deber… Sí, wey. Putas viejas no valoran lo que tienen. Me cae de madres que otra ya me hubiera dejado hacérselo por el culo. Si hasta su jefa me ha dicho que nunca había conocido a un joven tan cabelleroso como yo… Neta, wey. Es que el año pasado, el día de las madres, le llevé un arreglo bien chingón a la señora. Me gasté como dos mil varos pero al chile sí lo valía, wey. Haz de cuenta que eran un chingo de girasoles en forma de corazón y alrededor puras rosas rosas. Cuando la doña lo vió hasta lloró, cabrón. Es que como el papá de Cris dejó a la señora cuando quedó embarazada, nunca había recibido un regalo el día de las madres. Neta que me cagan los putos hombres sin huevos. Si un día veo al papá de Cris lo voy a madrear al pendejo. Yo jamás haría esa mamada, si ya cogiste, wey, por lo menos ten el valor de chingarle para sacar adelante a tus morritos… Sí, wey. Pero así es la gente de culera, por eso estamos como estamos. Total, que la señora puso el arreglo de flores en la entrada de su casa y neta que el olor llenaba todo el lugar. Y luego todavía las llevé a cenar… A huevo wey, tú sabes que a mí después de culos lo que me sobra es dinero. Fuimos a los caldos de gallina porque a mi suegra le gustan un chingo. Le fue bien a la doñita… Sí. Hasta ese día me dejó quedarme en su casa por primera vez… Ya te la sabes mijo, ganándose a la suegra ya la armaste. Ya para que me saquen de ese cantón va a estar en chino… Sí wey, ya esa casa es mi herencia. El único pedo es el que te digo, que la puta Cristina no me quiere dar el culo. Pero lo chido es que ya se acerca mi cumpleaños. Neta que si no me da el culo este año ahora sí la dejo. Nada más me trae como su pendejo y yo por serle fiel he perdido un chingo de oportunidades de coger con otras viejas… Pues sí wey, pero más pendejo si pierdo más años en esa misma ruca apretada que nunca me va a dar las nalgas. ¿Y tú qué pedo, campeón? ¿Sigues tras la morrita de prepa que me contaste?… Es que tú estás bien wey. Tienes que regalarle cosas, no vayas tan rápido. Que una salidita al cine, pero sin manosearla wey… Neta, que en la primera salida vea que eres un caballero. Ya después solita se va a bajar los calzones para ti. Mira, te mando por chat el link de una canción. Dedícasela a la morra que te guste y se va a mojar… Tú créeme, wey, todas caen con la rola de esa banda. Ya te estoy dando todos mis secretos, cabrón, ya si no te aplicas sí estás muy pendejo. ¿Y qué pedo? ¿Vamos a ver la champions el sábado o vas a estar de puto?… Caile a mi casa, wey, y a ver si armamos unas micheladas o algo. Ahí va a estar mi jefe y si quieres dile al chino. Te iba contar que apenas me entrevistó una morra bien hermosa. A ver, espérame tantito, un wey no sé qué chingados quiere…

           No mames ¿tú y cuántos más, pendejo? ¿Crees que con tu pistolita de plástico me vas a espantar? Al chile ya valiste verga. Ya me di cuenta que tu mamada es de balines. Vamos a darle en la madre a esta rata, gente. Para que aprenda a no robarle a la raza.

          ¿Sigues ahí, pinche Luis? Te marco en la noche, wey. Ya se armó la bronca aquí en la micro. Un pendejo me quería talonear y me di tinta de que su pistola era de juguete y ya le están dando una chinga. No sabe con quién se metió el culero. En la noche te cuento todo el pedo, mijo.

Calle – tarde

[Ecatepec, 1 656 107 habitantes, primer lugar en homicidios, feminicidios, extorsiones y robo de autos]

Eduardo, treinta años

Lo que más quiero es conseguir un buen trabajo. Apenas el lunes me corrieron, ¿usted cree? Recorte de personal. Yo no estudié y en ningún lado me quieren pagar más de quinientos pesos a la semana. Así que ahorita me la estoy viendo difícil consiguiendo para comer.

         ¿Lo más feo que he vivido? Híjole. Ahora sí me la pone difícil. Una vez le dispararon a uno de mis hermanos, pero no fue tan grave, se salvó porque fue en la pierna y la bala era pequeña, una veintidós. Y otro día a mi mamá la atropelló un taxi y en lugar de llevarla al médico fueron con un huesero que la dejó peor. Y así varias cosas… No, pero lo más feo me pasó hace doce años. Sí, doce años ya. Tenía una novia que estudiaba la prepa. En ese entonces yo era mesero ahí por Polanco, no me iba mal aunque estaba pesado. Gaby, así se llamaba mi noviecita de esos años, fue a la plaza para cambiar unos tenis que no me quedaron… perdón, es que siempre que me acuerdo…

-¡Corte!

-¿Está bien, Lalo? ¿Puede seguir con la historia?

-Sí, sí. Nada más deje me limpió los ojos y ahorita seguimos grabando.

     …Eran unos tenis que me regaló por navidad. Fue a cambiarlos mientras yo estaba trabajando y ya no regresó. Todas las noches iba a su casa después del trabajo, cuando llegué esa vez, recuerdo que su mamá estaba llorando. “Te estuvimos marcando, Eduardo. ¿No está Gaby contigo? No ha llegado y se fue desde las once de la mañana. Tiene el teléfono apagado”. Al otro día no fui a trabajar y en la tarde que llega una llamada de su teléfono. Su papá puso el altavoz. La habían secuestrado y nos pedían cinco millones para soltarla… ¡Cinco millones! “Tienen una semana”, nos dijeron y colgaron… ¿De dónde íbamos a sacar cinco millones? Hay días que no tenemos ni agua. Fuimos a la policía, pero nada más repartieron su foto, dijeron que era imposible encontrar a los secuestradores y que fuéramos haciendo la coperacha. ¿Usted cree? “La coperacha”, todavía se burlan de uno los cabrones, perdón señorita, pero es que uno pide ayuda y salen con esas cosas. Su papá pidió préstamos por todos lados, yo conseguí cincuenta mil en el trabajo… Al cuarto día la encontraron en una bolsa, ahí, en la misma plaza. Estaba descuartizada… Por cinco millones. Yo siempre le decía que era mi osita. Y no pude hacer nada…

      Pues vivir aquí yo diría que se siente aburrido. No tengo otra cosa más que salir a buscar trabajo. No tengo amigos. Solo quiero ganar dinero para mantener a mi madre. Todo el tiempo estoy enojado, pero tenemos que seguir adelante porque si nos quedamos quietos nadie nos va a ayudar. Dios hace las cosas por algo ¿o no?

Casa – noche

Ya estoy en mi casa, wey. No mames el puto desmadre que hubo en la micro. Un pendejo que me quería asaltar con una pistola de juguete, no me chingues. Luego luego me di cuenta y que la gente se le deja venir a putazos. Pobre wey, estaba chille y chille que ya no lo iba a volver a hacer, que tenía familia, ya sabes, se quería hacer la víctima pero primero se pasó de culero con la banda. Cuando te colgué ya lo habían encuerado al wey. Les dije que le cortáramos los huevos pero nadie se animó. Solo le daban patadas en el cuerpo. Yo le metí una en toda la cara, neta, hasta lo desmayé. Ya después lo dejamos amarrado en un pinche poste. Me subí a la micro para agarrar la gasolina que tenía el chofer pero que llega la pinche policía y que se lo lleva… ¿Cómo que para qué? Para quemarlo, wey. Si dejas vivos a los rateros la próxima vez ya no van a ir con pinches pistolitas de juguete y el muerto va a ser otro. Ni pedo, este culero se salvó. ¿Si te conté que me entrevistaron para un dizque reportaje?… Me cae que sí, wey. Siempre supe que viviría de mi rostro. Ya cuando me veas en las novelas no quiero ni que me hables. No, no era de Televisa. Fue para unos morros de la Ibero. No mames la morrita que me entrevistó estaba bien pinche hermosa. Tenía los ojos verdes, era blanquita y tenía unas pecas… No, en eso sí te fallo, estaba toda plana, pero no le hacían falta ni chichis ni nalgas con esos ojos. Cuando salga el link te lo paso para que veas a mi novia… Poco tiempo, nomás eran tres preguntas, que qué es lo que más quiero en el mundo. Les iba a decir que el culo de Cris pero no mames, me iba a ver bien caliente enfrente de esa hermosura. Les dije que tener mi propio negocio. Luego que qué es lo peor que me ha pasado. Les conté de la vez que nos asaltaron en la secundaria ¿te acuerdas? Fue cuando me pusieron un cuchillo en la garganta… Sí wey, me dio un chingo de miedo esa vez. Pero ya ahorita pinches rateros me la pelan. Ya ves que hoy le di en la madre a uno. Y ya por último que qué se sentía vivir aquí. Les dije que me gusta vivir aquí, como ya todos me topan pues no tenía problemas… Te digo que todavía no sale. Pero cuando me lo manden te rolo el video para que te la jales viéndome. Jajaja ¿Entonces qué pedo el sábado? ¿A qué hora llegas?… Conste, puto. Donde no. Sale, ya me voy a dar un baño porque voy a ir a casa de Cristina. Tengo que seguir terapeándola para que me de mi regalo de cumpleaños.

Azotea – tarde

[Nezahualcóyotl, 1 110 565 habitantes, segundo lugar en homicidios, primer lugar en secuestros, narcomenudeo y robo a casas]

 

Rosa, 24 años

Quiero seguir estudiando y terminar una carrera. Pues me gustaría estudiar algo así como recursos humanos o psicología, una de esas dos, no estoy segura. Tengo un hijo y no me gustaría que en la escuela le preguntaran “¿tu mamá qué es?” Y él no sepa que contestar.

     ¿Lo más feo? Una vez vine tender la ropa y vi una bruja, ahí por el tinaco estaba… Ah, lo más feo que me haya hecho una persona… mmm… ¿Pero si me vas a tapar la cara? Bueno. Pues lo más feo que me han hecho fue alguien de mi familia, sí. Ya no vive con nosotros, pero antes sí. De niña el hermano de mi papá abusaba de mí y de mi hermana. Esto no se lo he contado a nadie, ni a mi mamá. Hace poco murió mi padre y nunca se lo dije, si se hubiera enterado de seguro mataba a mi tío, ay no, ¿te imaginas? Mejor no… Se metía por la ventana de mi cuarto en las noches. Teníamos unas literas. Yo no entendía lo que estaba pasando, me hacía la dormida mientras me tocaba y me metía su cosa, creo que ni dolor sentía de tanto miedo. Una vez escuché que mi hermana lloraba y cuando me levanté vi a mi tío en la cama de arriba. Nos violaba a las dos. Recuerdo que me dijo que si le contaba a alguien lo que pasaba iba a matar a mi mamá… No inventes, de recordarlo hasta se me pone la piel chinita… Ahora hasta tiene dos hijas ese señor. Ay, no ¿te imaginas que les haga lo mismo?… ¿Sabes qué? Mejor que sí salga mi cara, ¿si se puede o ya me la habías tapado?

      Pues, fíjate que para mí vivir aquí es normal. Algunos dicen que el municipio es peligroso, pero como en todos lados. Si vienes de afuera la misma gente se aprovecha de ti, ya a los que conocen los respetan. En cuestión de violencia ya está todo más tranquilo. Antes había balaceras cada noche, pero ya no es tan seguido. Aquí nunca me han asaltado y pues estoy con mi familia. Mi mamá me cuida a mi hijo mientras voy al bachillerato. Ni bien ni mal.

Calle – tarde

Al chile, así de huevos, yo robo con una fusca de juguete. Nada más te lo estoy diciendo por tu pinche videíto, güera. La gente ya está bien paniqueada que no tiene tiempo para andar viendo si la pistola es de a de veras, te dan todo la que traen si les hablas con huevos. Lo material va y viene, no vale la pena arriesgarse por un teléfono ni menos por unos pesos. Ya cuando te están enseñando el cuete, o ni eso, hasta un pinche cuchillo o desarmador, es porque la rata no se anda con mamadas. La gente lo sabe y por eso afloja. Además, hay que sabérsela, no es lo mismo ir al bote por asalto que por posesión de armas. Quién quita que un mal día por andar llevando una fusca de verdad se me escape un tiro, a ver, ¿quién va a cuidar a mi chavito? Nel, yo seré lo que sea pero no abandonaría a mi familia.

 

      ¿Dejar de robar? ¿Para qué? Si tú me dices ahorita que me das trabajo, va, lo dejo… Ah, ya ves como no es tan fácil la cosa, güera. Yo ni terminé la secundaria, con eso no me pagan lo que saco de un camión. ¿O qué, quieres que me ponga a barrer las calles? Nel, nací pobre pero me gustan los lujos. Si para comprarme mi moto, para traer bien vestida a mi vieja y a mi chavito tengo que robar pues ni pedo. Es lo que me toca hacer. Es para lo que yo soy bueno, otros son buenos para los chingadazos y se meten al box, otros roban más que uno y ahí anda de políticos. Yo ya te dije, al chile salgo a robar sin pistola de verdad, nunca voy a matar a nadie y así nunca voy a ir a la cárcel. Ya con los tatuajes y hablarles con huevos, sin pedos. ¿Ves? El trabajo perfecto… No, aquí a los puercos les das quinientos varos y te sueltan a dos calles. A veces hasta ellos mismos te andan pidiendo que el celular, que una cartera. Todos le entramos al bisne ¿o cómo crees que tu papi te compró esa cámara?

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Irracional

Entramos y era evidente mi emoción: no dejaba de mover la cola. Con mi lengua de gatita comencé a lamer tu cara, tu cuello de jirafa. Pasé mis dedos por tu pelaje y cambiaste de piel, de color. Serpenteaste por mi cuerpo y no pude evitar ronronear con tus caricias. Frotabas mis ubres mientras yo encajaba mis uñas en tu espalda. Soltaste un aullido.
Me rodeaste con un tentáculo y con fuerza de toro me diste la vuelta. Lo hicimos como perros. Imaginé que me partías en dos con tu miembro de caballo embistiéndome. Sentí todo tu cuerpo sobre mí, me agarraste de las alas y varias plumas se me desprendieron. Quise cacarear, mugir, ladrar, gruñir, retorcerme como gusano, todo al mismo tiempo. “¿Te gusta perra?”, relinchaste. Y entonces me atreví: “Métemelo por atrás, oink, oink”. Tus ojos de búho se abrieron más. Con tu trompa humedeciste mi ano y cuando te enterraste en mí me pusiste la piel de gallina. Rugiste como león. Me cabalgaste, me sometiste. El dolor era intenso pero el placer era mayor. Tus tenazas apretaron mi piel y me excité más. “Así, así. Soy tu animal en celo”, rebuznaba.
No sé cuánto duramos así: tú, envuelto en mi telaraña; y yo, con tu aguijón dentro de mí.
Perdí el control de mi cuerpo; mis antenas no me respondían y no pude volar. Me escondí en mi caparazón y un momento después gemí mi canto de sirena. Nadie antes lo había escuchado. Soltaste un graznido y terminamos juntos. Dejaste todo mi cuerpo pegajoso con tu baba de caracol. Gracias a mis ventosas me adherí a ti y nos quedamos dormidos en el mismo corral.

Crecer

  Juan viaja en metro para llegar a clases. Casi nunca encuentra un asiento disponible y cuando lo encuentra siempre le pasa lo mismo: tiene que cederlo. “Esa señora podría ser mi mamá; esa viejita podría ser mi abuelita; esa adolescente embarazada podría ser mi hermana”.
Sale del metro y siempre le da todo su cambio al cojo que sostiene un vaso en la entrada de la estación. “Ese podría ser yo si no me cuido, ojalá Dios no lo quiera”.
Juan se conecta a Facebook y le da like a todas las fotos de los niños de África. En diciembre dona todos sus domingos al Teletón. “No te burles, ese podría ser tu hijo”. Juan recuerda el regaño de su madre cuando él dijo que esos niños hablaban como mensos, que mejor le pusiera a las caricaturas.
Juan no entiende por qué su papá siempre está borracho, pero “él no es nadie para juzgarlo”.
En su clase de biología le pidieron que hablara con sus padres sobre sexo. “¡Que la boca se te haga chicharrón escuincle! Deja de pensar en cosas del diablo y ponte a estudiar”. Juan no sabe qué tiene de malo, pero siente que algo le aprieta la garganta. Juan llora.
“¡Juan! ¡Juan! ¡Despierta!”. Él se levanta agitado, voltea a ver a su esposa y luego observa su cabecera, nota que no hay ningún crucifijo y se tranquiliza al saber que ya no tiene quince años

El Títere

No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo, piensas. El caso es que para la clase de español la profesora Gabriela te dejó llevar un títere y contar una historia. Y aquí estás, mientras esperas a que esté listo el engrudo, entre cartulina, pinturas, globos, papel de diferentes colores. Los maestros siempre te dicen que no vayas a la escuela sólo por la calificación, que vayas para aprender, pero dudas mucho aprender algo con esto. Lo hago porque las tareas valen más que el examen, y yo voy a la escuela por la calificación, como todos, te dices. Lo hago por no reprobar.
Le voy a poner el cabello de mi papá, tomas varios pedazos de papel negro y los peinas hacia atrás. Agarras dos bolitas de periódico y se las pegas en donde deben estar los ojos, cuando se secan los pintas de verde, se parecen a los de mi abuelita Carmen. Para los labios utilizas dos pedazos delgados de cartulina, mi mamá también los tiene delgados, los pintas de rosa para que resalten entre el color de la piel. Mezclas la pintura café con un poco de blanca y rellenas la cara, las piernas y las manos.
Esperas a que se seque la pintura, tomas un vaso de refresco mientras ves al títere. Está quedando muy guapo ¿o guapa? Podría ponerle unas pestañas y pintarle de rojo los labios, al rato lo decido. Te acercas al muñeco y ves que te giña un ojo. No sientes miedo, de seguro fue mi imaginación. ¿Cómo lo voy a vestir?
Que lleve siempre un sombrero, como mi tío Juan. Recortas, doblas y pintas la cartulina, más que una persona importante parece un vaquero. Comienzas a reír y alcanzas a ver cómo el títere arruga la frente. Te quedas en silencio, no quieres que se enoje. Si se molesta el muñeco se molestarían tu papá, tu abuelita Carmen, tu mamá y tu tío Juan, no quieres que eso pase.
Le haces una corbata, le pones zapatos y una camisa. Parece que va a la iglesia, te aguantas la risa para no herirlo. Lo observas, ¿tiene cara de niño o de niña? ¿Qué eres?, le preguntas. Sus labios delgados comienzan a moverse, estira una mano y agarra de la mesa un frasco. Mete uno de sus dedos en la pintura roja y sobre un periódico escribe: Soy tú.
No sabes qué hacer, te quedas viendo su rostro. Se mueve como si un palo le impidiera girar el cuello, cuando voltea a ver la sala mueve todo su cuerpo junto con su cabeza. Le quitas los labios y con las tijeras abres un hueco en su rostro, le pegas un cacho de cartulina roja y con cuadritos de unicel le haces unos dientes. El títere comienza a hablar, su voz en como la de un conductor de programas de noticias. Te acercas y le escupes en la boca, ahora tiene tu voz. Le pones rodillas y codos, con palitos de madera le haces una columna vertebral y ahora el muñeco puede jugar fútbol y bailar ballet.
Vas por tu uniforme de la escuela y se lo pones. Escuchas cómo el títere dice: No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo. Al oír esto una mueca extraña se dibuja en tu rostro, como cuando un padre se enorgullece de su hijo.
Despiertas y notas que tus manos están amarradas por hilos, no las puedes mover a menos que alguien te lo ordene. Volteas a ver el cuarto y cuando mueves la cabeza todo tu cuerpo se mueve como si en lugar de columna tuvieras un palo de escoba que no te permite encorvarte. El títere te guarda en tu mochila y tú no puedes llorar porque no tienes lagrimales. Tus labios están cosidos y sólo puedes emitir un leve gemido que nadie escucha.
Cuando te saca de la mochila escuchas a tus compañeros decir: Te quedó genial el muñeco, ¿cómo lo hiciste? El títere comienza a hacerse amigo de las personas que nunca te cayeron bien, escucha atento las clases y responde las preguntas de todos los maestros. Al fin llega la clase de español. Confías en que la maestra Gabriela se dará cuenta de que él es un farsante. Se para frente a ti y te observa. “Muy bien”, le dice al títere que se hace pasar por ti. “Pero, ¿es hombre o mujer?”, pregunta. A lo que el títere contesta: “Es como yo”. Por fin eres un buen estudiante.

Reencuentro

Mi nuevo teléfono está fallando. El reconocimiento facial, que debería llevarme a mi perfil, me dirige al de otra persona. Un hombre entre treinta y cinco y cuarenta años. Eso me pasa por comprarme la gran novedad cuando todavía ni está perfeccionada la nueva tecnología. La publicidad me engañó. Caí en mi propia trampa.

Veo las fotos del hombre al que mi celular confunde conmigo. Sí, se parece un poco a mí, es solo que no tengo barba ni bigote, todo lo contrario. Desde los veinticinco empecé a perder cabello, ahora sólo me queda un poco en la parte trasera del cráneo, cerca de la nuca. Lo peino hacia adelante pero no engaño a nadie. En mi perfil solo tengo fotos donde no se vea mi frente, es mi manera de lucir atractivo. Todos lo hacen ¿no?

Tiene una hija. La bebé es hermosa. Por las imágenes se nota que no tiene mucho que nació, quizá un año. El hombre tiene los brazos tatuados, una calaca, un rosario, y un batman son las figuras que alcanzo a distinguir, con ellos abraza a su nena y sonríe como si en esa pequeña criatura se concentraran todos sus sueños cumplidos. Creo que yo nunca he sonreído así.

Sigo revisando sus fotos, hay algo familiar en su mirada. ¿Cómo se ganará la vida? Espero que haga algo diferente a este horrible empleo que tengo. Cualquier cosa es mejor que trabajar con “creativos”, pobres idiotas. No pueden leer más de cinco hojas de un verdadero libro y se creen la gran cagada. En año nuevo uno de ellos, Ramírez, me regaló El Principito. “Para ti, que tanto te gusta leer”. Sonreí y guardé el libro, si no fueran obligatorios los intercambios se lo hubiera aventado en la cara, bueno, y si Ramírez no fuera uno de los jefes.

Odio la publicidad aunque soy bueno para ella. Para hacer mensajes pegajosos que la gente traiga todo el día en la cabeza. Más que bueno, soy cobarde. Este trabajo lo puede hacer cualquiera, pero nada más alguien necesitado llevaría dos años en esta empresa. Pegaso, consultores especialistas en comunicación organizacional. Entre más largo el nombre más fácil es el trabajo que desempeñan. ¿Qué de difícil tiene la comunicación? ¿Qué tan estúpidos deben ser los empresarios para necesitar “consultores”? Cerveza, chocolates, shampoo, desodorantes, todo lo vendemos con la misma fórmula: si lo compras, serás más hombre.

Llego a sus fotos más viejas, no se ven todas, algunas están privadas. Su mujer no es bonita, eso me tranquiliza. Ya comenzaba a odiarlo. Alfredo, así se llama en su perfil, se parece a mí y, sin embargo, pareciera un modelo mejorado del hombre que soy. Yo no tengo esposa, aunque si tuviera una estoy seguro de que sería más guapa que la de él. Más fotos con ella, si no es por el atractivo físico ¿eso quiere decir que están juntos por amor?

-Ya vámonos, Rodrigo ¿o qué? ¿No te quieren en tu casa?

La voz de Héctor me despierta de la fascinación de espiar en otra vida que pudo haber sido mía. Volteo para sonreírle, pero no me levanto de mi silla. Veo por última vez la foto del perfil de Alfredo, su mirada tiene algo que me parece familiar, un brillo extraño que me inspira confianza. Como si acabara de encontrar en internet a un viejo amigo con el que compartía todo en la infancia, y ahora siento la emoción de recordar tiempos lejanos donde todo era más sencillo.

Antes de apagar la computadora de la oficina, entro a mi perfil y desde ahí le mando solicitud de amistad a Alfredo. Luego, rápidamente, como un niño que toca una puerta y sale corriendo, cierro mi sesión y apago la máquina antes de que alguien me descubra. Sonrío. Recojo mis cosas y salgo a esperar el camión. ¿Él viajará en camión? Me molesta ser tan empático, basta con que alguien lleve la misma playera que yo, unos lentes parecidos, tenis de la misma marca, y ya estoy imaginando que esa persona pude ser yo. ¿Cuántas elecciones y casualidades nos tienen aquí? ¿Y si hubiera estudiado Arquitectura en lugar de Comunicación? ¿Cómo estará Andrea? Quizá si nunca hubiera terminado con ella ahorita estaría pensando en nuestros hijos y trabajando en otra cosa, algún oficio, tal vez de carpintero, o de policía, algo sencillo donde no tuviera que lidiar con mis compañeros y su falsa cordialidad.

Llega el camión. ¿Sería buen chofer? Imagino que no, nunca aprendí a manejar una bicicleta, menos podría con un auto ni con la responsabilidad que conlleva traer a tantos pasajeros. Mi trabajo está en una de las primeras paradas de la ruta, así que siempre encuentro lugar. Apago mi celular, no quiero ver que Alfredo ha aceptado mi solicitud hasta llegar a casa. Veo por la ventana a todos los ciudadanos saliendo de su trabajo, todos lo hacemos a la misma hora. Cientos de compradores en potencia. ¿Cuántos de ellos también estarán hartos de su trabajo? El tráfico está insoportable, quizá esto sea en parte culpa mía. “Demuestra tu poder con la nueva camioneta todo terreno. Rensin, la empresa automotriz de los verdaderos hombres”.

Imagino a todos los que se compraron un auto a partir de ese horrible comercial, lo hice en dos horas, un hombre que detiene el tráfico con su camioneta para ayudar a una mujer a cambiar una llanta, al final arreglan el carro pero la mujer se va en la camioneta del tipo, el carro de ella se queda estorbando a todos los demás que no tienen la camioneta de esta empresa. Al otro día lo estábamos grabando. Ándenle, demuestren su poder en esta avenida que va a vuelta de rueda. La campaña fue un éxito, nuestro primer trabajo internacional, posicionó a la empresa como una de las mejores en publicidad.

¿Mi premio? Dos días de vacaciones y un bono de mil pesos. Mil estúpidos pesos a cambio de los millones que les hice ganar. Vendí muchos carros y sigo llegando al trabajo en camión. “Lo que importa es que tenemos salud, Rigo. No te quejes”, la voz de mi madre sigue apareciendo en mi mente. “Si no nos quejamos, además de pobres somos pendejos”, recuerdo que le contesté una vez, cuando era adolescente. “No todos los niños tienen tus oportunidades, aprovéchalas”. Siempre terminaba así las discusiones, recordándome que había tenido que elegir entre yo y mi gemelo. Es cierto, yo tenía un gemelo, ¿cómo pude olvidarlo? Ahora recuerdo que en secundaria, al hacer mi árbol genealógico, anduve como loco tratando de encontrarlo ¿Será él?

Entro a mi casa, repito al revés el protocolo de todas las mañanas: aflojo mi corbata, me quito el pantalón, los zapatos y la camisa. Me quedó así por un rato, en calzones y playera de tirantes, descalzo. Voy a la cocina. Pongo a hervir un poco de agua y me preparo una sopa instantánea. ¡Mi teléfono! Lo prendo. ¡Alfredo aceptó mi solicitud de amistad! Ahora puedo ver el resto de sus fotos que estaban ocultas.

Parece que vive cerca de donde está mi oficina. Hay una foto de él con su esposa embarazada, están comiendo un elote en el parque de esa colonia, ahí donde mis compañeros y yo salimos a desayunar cuando llevamos comida. Un nuevo mensaje.

-Hola, carnal. ¿Cuál de estos vas a querer? Ya sabes, te lo dejo barato, hasta me lo puedes ir pagando cada quincena.

Es él, Alfredo. Además del mensaje mandó una foto, en ella se muestran diez teléfonos celulares en una mesa, todos se ven usados, algunos tienen la pantalla estrellada. No me quedan dudadas de que son robados. Le pregunto cualquier cosa para seguir hablando.

– ¿En cuánto me dejas el nuevo? Ese que según tiene reconocimiento facial

-Te sale en cuatro mil varos, hermanito. Te lo llevo a cualquier lugar de la ciudad. Está barato porque no tiene cargador. El de la foto es seminuevo, pero si me das chance te consigo uno mejor.

-Deja que llegue la quincena y te vuelvo a mandar mensaje.

-Cámara, ahí me avisas.

¡Es un ratero! Bueno, igual puede ser sólo quien venda los teléfonos. Sea como sea, su trabajo es más entretenido que el mío. Correr de la policía lo debe de mantener delgado y no con una panza como la que yo tengo. ¿Qué estoy pensando? Jamás me atrevería a asaltar a nadie. Si ni siquiera tuve el valor de exigir el aumento de sueldo que me correspondía, mucho menos podría quitarle su dinero y celular a un desconocido. Sería un pésimo ratero. ¿Qué casualidades lo habrán llevado a esa vida?

Pinches puercos pendejos, casi me agarran esta vez. Ya quiero dejar de robar pero si no consigo dinero, Lucía no me dejará ver a mi hija. Apenas cumplió un año y cuando regresé de la chamba ya no estaban ni mi vieja ni mi morrita. En corto fui a buscarla a casa de su jefa. Doña Rosa no me dijo que nel, que no me iba a dejar pasar y que estaba bien pendejo si creía que su hija y su nieta iban a regresar a mi casa. Pinche ruca, me cae que no le partí su madre nomás porque es vieja y yo las respeto. Si fuera un cabrón ya le habría enseñado que su hija será siempre mía.

Traté de explicarle que yo nada más atraco, que soy un buen hombre para su hija, pero le valió madres y me cerró la puerta en la jeta. Ni pedo. Tengo un plan para recuperar a mi vieja. Voy a chingarle más esta semana, a robar todo lo que pueda y luego lo dejo para siempre. A la chingada esta vida, mi hija lo vale. No quiero que crezca sola, así como yo crecí sin mamá ni papá. La vida ya es muy culera como para preocuparse por un padre encarcelado, o peor, muerto.

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Regreso del trabajo. Me dejaron salir temprano con la condición de que para mañana les lleve una campaña para un nuevo refresco. Tanto tiempo que he hecho lo mismo y no pueden hacerlo solos. Los hombres somos estúpidos, lo hacemos todo para impresionar mujeres, usen eso en una historia de un minuto y listo. Con esa estrategia vendería hasta la mierda.

Me quito el pantalón y la camisa, ese horrible disfraz que uso para representar mi papel de empleado promedio, de “creativo en publicidad”. Me veo en el espejo. Lo bueno de no tener tanto cabello es que no se me notan las canas. Me acuesto un momento en la cama. En la cabecera tengo una foto de mi madre. Estamos en el zoológico, tengo la cara pintada de payaso y aunque ella sonríe, puedo notar su tristeza. Sus ojos tienen algo que me parece familiar. Me paro sobre la cama  para observar mejor la foto. La quito de la pared e intento sacarla del marco para verla mejor. ¡Hay otra foto debajo de la primera! En ella aparece mi madre cargando a un bebé, está acompañada de un señor ¿mi padre? El señor está cargando a otro bebé. Quizá esta sea la única foto que hay de mi hermano.

Veo la imagen por varios minutos. Tengo los ojos del hombre que aparece en esa foto. Intento recordar lo que mi madre me contó sobre mi papá. Según me dijo, mi padre murió cuando yo tenía un año, desde entonces ella tuvo que trabajar. El dinero no le alcanzaba para darle de comer a dos hijos y pagar la renta. Una vecina le ayudaba de vez en cuando, una vez le dijo “Si quieres yo te puedo cuidar a un niño, Esther. Conmigo no le faltará nada”. Mi madre se negó al principio, pero cuando la despidieron de la fábrica donde trabajaba y se cumplió el mes de renta, tuvo que decidir entre uno de los dos. También tuvimos que irnos a vivir a otro lado, un cuarto más pequeño. Siguió trabajando toda su vida para sacarme adelante. Recuerdo su cara de felicidad cuando terminé la carrera, se podía notar en sus ojos algo de nostalgia. No puedo evitar llorar.

“Recuerda que hay niños que no tienen tus oportunidades, Rigo”.

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Entre nosotros los lacras tenemos una creencia, si en el primer asalto no picas a alguien, te va a ir mal en todo el día. Te pueden hasta agarrar. Un cuchillo no es de confianza, se puede doblar y si la gente te ve desarmado, ya valiste, por eso uso un desarmador. Toco el nombre de mi hija que tengo tatuado en mi brazo izquierdo, Jimena. Me persigno ante la virgencita que está en la parada del camión y me subo a robar. Trato de picar al primer don que se me atreviese, siempre en las piernas para que no se vayan a morir ahí mismo los culeros. Ya chingando a uno, todos los demás se asustan y aflojan los celulares y la lana. Este que viene es mi cuarto camión del día.

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Ahí está Alfredo, en la parada de la virgen. ¡Se va a subir! Espero que se siente a lado de mí, así podría hacerle la plática. Decirle que somos hermanos, ayudarle en lo que necesite. Conocer a su familia. Lo veo hablar algo con el chofer. No cabe duda de que es mi hermano, toda su cara es la de mi mamá.

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¡A ver hijos de la chingada! ¡Ya valieron verga! El chofer no va a avanzar hasta que todos se caigan con sus celulares y carteras. Si alguien se quiere pasar de pendejo va a valer madres. No me tiemblan los huevos para picarlos. Saquen todo culeros.

– ¡Alfredo!

– ¿Quién eres, cabrón? ¿Por qué me conoces? ¡Dame tu teléfono, pendejo! ¡órale, puto! ¿O quieres que te pique?

– Somos hermanos, Alfredo.

-No digas mamadas, wey. Ya, dame tus cosas.

-Tienes los ojos de mi ma…

Pinche wey loco. Lo que la gente inventa para no soltar su teléfono. Están bien pendejos, prefieren dar su vida que un aparato. Ni pedo, lo tuve que picar. Valió la pena, este celular es de los nuevos, esos que reconocen tu jeta y toda la cosa. Lo vendo y ya con eso tengo una buena lana para que Lucía y Jimena regresen conmigo. A la chingada esta vida.

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La herida no fue grave. En el hospital me dijeron que el desarmador no tocó ninguna vena importante y el músculo se mi pierna se recuperará. Estaré dos semanas sin ir al trabajo. Prendo mi computadora. ¡Vale madres! ¿Cuántas horas tendré que trabajar para comprarme de nuevo un celular? Me llega un mensaje.

-Ya tengo el teléfono que me pediste, carnal. Te lo dejo en tres mil varos, ya para que te animes.

-Vete a la chingada, puto ratero.

Lo bloqueo. Al final no nos parecemos tanto. Su vida debe ser más horrible que la mía.

Viva México

Viva la Virgen Lupita,
arriba el PRI, la corrupción.
Tómate dos tequilitas,
pon a dormir a la razón

Levántate más temprano,
no culpes al presidente.
Nos penetran por el ano
y aquí seguimos sonrientes

Ya me hice el que no sabía.
Tengo ganas de irme lejos.
Hasta voté por un puerco.

Me cago en sus fantasías,
¿de qué se ríen pendejos?
Mis hermanos están muertos.