Irracional

Entramos y era evidente mi emoción: no dejaba de mover la cola. Con mi lengua de gatita comencé a lamer tu cara, tu cuello de jirafa. Pasé mis dedos por tu pelaje y cambiaste de piel, de color. Serpenteaste por mi cuerpo y no pude evitar ronronear con tus caricias. Frotabas mis ubres mientras yo encajaba mis uñas en tu espalda. Soltaste un aullido.
Me rodeaste con un tentáculo y con fuerza de toro me diste la vuelta. Lo hicimos como perros. Imaginé que me partías en dos con tu miembro de caballo embistiéndome. Sentí todo tu cuerpo sobre mí, me agarraste de las alas y varias plumas se me desprendieron. Quise cacarear, mugir, ladrar, gruñir, retorcerme como gusano, todo al mismo tiempo. “¿Te gusta perra?”, relinchaste. Y entonces me atreví: “Métemelo por atrás, oink, oink”. Tus ojos de búho se abrieron más. Con tu trompa humedeciste mi ano y cuando te enterraste en mí me pusiste la piel de gallina. Rugiste como león. Me cabalgaste, me sometiste. El dolor era intenso pero el placer era mayor. Tus tenazas apretaron mi piel y me excité más. “Así, así. Soy tu animal en celo”, rebuznaba.
No sé cuánto duramos así: tú, envuelto en mi telaraña; y yo, con tu aguijón dentro de mí.
Perdí el control de mi cuerpo; mis antenas no me respondían y no pude volar. Me escondí en mi caparazón y un momento después gemí mi canto de sirena. Nadie antes lo había escuchado. Soltaste un graznido y terminamos juntos. Dejaste todo mi cuerpo pegajoso con tu baba de caracol. Gracias a mis ventosas me adherí a ti y nos quedamos dormidos en el mismo corral.
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Crecer

  Juan viaja en metro para llegar a clases. Casi nunca encuentra un asiento disponible y cuando lo encuentra siempre le pasa lo mismo: tiene que cederlo. “Esa señora podría ser mi mamá; esa viejita podría ser mi abuelita; esa adolescente embarazada podría ser mi hermana”.
Sale del metro y siempre le da todo su cambio al cojo que sostiene un vaso en la entrada de la estación. “Ese podría ser yo si no me cuido, ojalá Dios no lo quiera”.
Juan se conecta a Facebook y le da like a todas las fotos de los niños de África. En diciembre dona todos sus domingos al Teletón. “No te burles, ese podría ser tu hijo”. Juan recuerda el regaño de su madre cuando él dijo que esos niños hablaban como mensos, que mejor le pusiera a las caricaturas.
Juan no entiende por qué su papá siempre está borracho, pero “él no es nadie para juzgarlo”.
En su clase de biología le pidieron que hablara con sus padres sobre sexo. “¡Que la boca se te haga chicharrón escuincle! Deja de pensar en cosas del diablo y ponte a estudiar”. Juan no sabe qué tiene de malo, pero siente que algo le aprieta la garganta. Juan llora.
“¡Juan! ¡Juan! ¡Despierta!”. Él se levanta agitado, voltea a ver a su esposa y luego observa su cabecera, nota que no hay ningún crucifijo y se tranquiliza al saber que ya no tiene quince años

El Títere

No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo, piensas. El caso es que para la clase de español la profesora Gabriela te dejó llevar un títere y contar una historia. Y aquí estás, mientras esperas a que esté listo el engrudo, entre cartulina, pinturas, globos, papel de diferentes colores. Los maestros siempre te dicen que no vayas a la escuela sólo por la calificación, que vayas para aprender, pero dudas mucho aprender algo con esto. Lo hago porque las tareas valen más que el examen, y yo voy a la escuela por la calificación, como todos, te dices. Lo hago por no reprobar.
Le voy a poner el cabello de mi papá, tomas varios pedazos de papel negro y los peinas hacia atrás. Agarras dos bolitas de periódico y se las pegas en donde deben estar los ojos, cuando se secan los pintas de verde, se parecen a los de mi abuelita Carmen. Para los labios utilizas dos pedazos delgados de cartulina, mi mamá también los tiene delgados, los pintas de rosa para que resalten entre el color de la piel. Mezclas la pintura café con un poco de blanca y rellenas la cara, las piernas y las manos.
Esperas a que se seque la pintura, tomas un vaso de refresco mientras ves al títere. Está quedando muy guapo ¿o guapa? Podría ponerle unas pestañas y pintarle de rojo los labios, al rato lo decido. Te acercas al muñeco y ves que te giña un ojo. No sientes miedo, de seguro fue mi imaginación. ¿Cómo lo voy a vestir?
Que lleve siempre un sombrero, como mi tío Juan. Recortas, doblas y pintas la cartulina, más que una persona importante parece un vaquero. Comienzas a reír y alcanzas a ver cómo el títere arruga la frente. Te quedas en silencio, no quieres que se enoje. Si se molesta el muñeco se molestarían tu papá, tu abuelita Carmen, tu mamá y tu tío Juan, no quieres que eso pase.
Le haces una corbata, le pones zapatos y una camisa. Parece que va a la iglesia, te aguantas la risa para no herirlo. Lo observas, ¿tiene cara de niño o de niña? ¿Qué eres?, le preguntas. Sus labios delgados comienzan a moverse, estira una mano y agarra de la mesa un frasco. Mete uno de sus dedos en la pintura roja y sobre un periódico escribe: Soy tú.
No sabes qué hacer, te quedas viendo su rostro. Se mueve como si un palo le impidiera girar el cuello, cuando voltea a ver la sala mueve todo su cuerpo junto con su cabeza. Le quitas los labios y con las tijeras abres un hueco en su rostro, le pegas un cacho de cartulina roja y con cuadritos de unicel le haces unos dientes. El títere comienza a hablar, su voz en como la de un conductor de programas de noticias. Te acercas y le escupes en la boca, ahora tiene tu voz. Le pones rodillas y codos, con palitos de madera le haces una columna vertebral y ahora el muñeco puede jugar fútbol y bailar ballet.
Vas por tu uniforme de la escuela y se lo pones. Escuchas cómo el títere dice: No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo. Al oír esto una mueca extraña se dibuja en tu rostro, como cuando un padre se enorgullece de su hijo.
Despiertas y notas que tus manos están amarradas por hilos, no las puedes mover a menos que alguien te lo ordene. Volteas a ver el cuarto y cuando mueves la cabeza todo tu cuerpo se mueve como si en lugar de columna tuvieras un palo de escoba que no te permite encorvarte. El títere te guarda en tu mochila y tú no puedes llorar porque no tienes lagrimales. Tus labios están cosidos y sólo puedes emitir un leve gemido que nadie escucha.
Cuando te saca de la mochila escuchas a tus compañeros decir: Te quedó genial el muñeco, ¿cómo lo hiciste? El títere comienza a hacerse amigo de las personas que nunca te cayeron bien, escucha atento las clases y responde las preguntas de todos los maestros. Al fin llega la clase de español. Confías en que la maestra Gabriela se dará cuenta de que él es un farsante. Se para frente a ti y te observa. “Muy bien”, le dice al títere que se hace pasar por ti. “Pero, ¿es hombre o mujer?”, pregunta. A lo que el títere contesta: “Es como yo”. Por fin eres un buen estudiante.

Reencuentro

Mi nuevo teléfono está fallando. El reconocimiento facial, que debería llevarme a mi perfil, me dirige al de otra persona. Un hombre entre treinta y cinco y cuarenta años. Eso me pasa por comprarme la gran novedad cuando todavía ni está perfeccionada la nueva tecnología. La publicidad me engañó. Caí en mi propia trampa.

Veo las fotos del hombre al que mi celular confunde conmigo. Sí, se parece un poco a mí, es solo que no tengo barba ni bigote, todo lo contrario. Desde los veinticinco empecé a perder cabello, ahora sólo me queda un poco en la parte trasera del cráneo, cerca de la nuca. Lo peino hacia adelante pero no engaño a nadie. En mi perfil solo tengo fotos donde no se vea mi frente, es mi manera de lucir atractivo. Todos lo hacen ¿no?

Tiene una hija. La bebé es hermosa. Por las imágenes se nota que no tiene mucho que nació, quizá un año. El hombre tiene los brazos tatuados, una calaca, un rosario, y un batman son las figuras que alcanzo a distinguir, con ellos abraza a su nena y sonríe como si en esa pequeña criatura se concentraran todos sus sueños cumplidos. Creo que yo nunca he sonreído así.

Sigo revisando sus fotos, hay algo familiar en su mirada. ¿Cómo se ganará la vida? Espero que haga algo diferente a este horrible empleo que tengo. Cualquier cosa es mejor que trabajar con “creativos”, pobres idiotas. No pueden leer más de cinco hojas de un verdadero libro y se creen la gran cagada. En año nuevo uno de ellos, Ramírez, me regaló El Principito. “Para ti, que tanto te gusta leer”. Sonreí y guardé el libro, si no fueran obligatorios los intercambios se lo hubiera aventado en la cara, bueno, y si Ramírez no fuera uno de los jefes.

Odio la publicidad aunque soy bueno para ella. Para hacer mensajes pegajosos que la gente traiga todo el día en la cabeza. Más que bueno, soy cobarde. Este trabajo lo puede hacer cualquiera, pero nada más alguien necesitado llevaría dos años en esta empresa. Pegaso, consultores especialistas en comunicación organizacional. Entre más largo el nombre más fácil es el trabajo que desempeñan. ¿Qué de difícil tiene la comunicación? ¿Qué tan estúpidos deben ser los empresarios para necesitar “consultores”? Cerveza, chocolates, shampoo, desodorantes, todo lo vendemos con la misma fórmula: si lo compras, serás más hombre.

Llego a sus fotos más viejas, no se ven todas, algunas están privadas. Su mujer no es bonita, eso me tranquiliza. Ya comenzaba a odiarlo. Alfredo, así se llama en su perfil, se parece a mí y, sin embargo, pareciera un modelo mejorado del hombre que soy. Yo no tengo esposa, aunque si tuviera una estoy seguro de que sería más guapa que la de él. Más fotos con ella, si no es por el atractivo físico ¿eso quiere decir que están juntos por amor?

-Ya vámonos, Rodrigo ¿o qué? ¿No te quieren en tu casa?

La voz de Héctor me despierta de la fascinación de espiar en otra vida que pudo haber sido mía. Volteo para sonreírle, pero no me levanto de mi silla. Veo por última vez la foto del perfil de Alfredo, su mirada tiene algo que me parece familiar, un brillo extraño que me inspira confianza. Como si acabara de encontrar en internet a un viejo amigo con el que compartía todo en la infancia, y ahora siento la emoción de recordar tiempos lejanos donde todo era más sencillo.

Antes de apagar la computadora de la oficina, entro a mi perfil y desde ahí le mando solicitud de amistad a Alfredo. Luego, rápidamente, como un niño que toca una puerta y sale corriendo, cierro mi sesión y apago la máquina antes de que alguien me descubra. Sonrío. Recojo mis cosas y salgo a esperar el camión. ¿Él viajará en camión? Me molesta ser tan empático, basta con que alguien lleve la misma playera que yo, unos lentes parecidos, tenis de la misma marca, y ya estoy imaginando que esa persona pude ser yo. ¿Cuántas elecciones y casualidades nos tienen aquí? ¿Y si hubiera estudiado Arquitectura en lugar de Comunicación? ¿Cómo estará Andrea? Quizá si nunca hubiera terminado con ella ahorita estaría pensando en nuestros hijos y trabajando en otra cosa, algún oficio, tal vez de carpintero, o de policía, algo sencillo donde no tuviera que lidiar con mis compañeros y su falsa cordialidad.

Llega el camión. ¿Sería buen chofer? Imagino que no, nunca aprendí a manejar una bicicleta, menos podría con un auto ni con la responsabilidad que conlleva traer a tantos pasajeros. Mi trabajo está en una de las primeras paradas de la ruta, así que siempre encuentro lugar. Apago mi celular, no quiero ver que Alfredo ha aceptado mi solicitud hasta llegar a casa. Veo por la ventana a todos los ciudadanos saliendo de su trabajo, todos lo hacemos a la misma hora. Cientos de compradores en potencia. ¿Cuántos de ellos también estarán hartos de su trabajo? El tráfico está insoportable, quizá esto sea en parte culpa mía. “Demuestra tu poder con la nueva camioneta todo terreno. Rensin, la empresa automotriz de los verdaderos hombres”.

Imagino a todos los que se compraron un auto a partir de ese horrible comercial, lo hice en dos horas, un hombre que detiene el tráfico con su camioneta para ayudar a una mujer a cambiar una llanta, al final arreglan el carro pero la mujer se va en la camioneta del tipo, el carro de ella se queda estorbando a todos los demás que no tienen la camioneta de esta empresa. Al otro día lo estábamos grabando. Ándenle, demuestren su poder en esta avenida que va a vuelta de rueda. La campaña fue un éxito, nuestro primer trabajo internacional, posicionó a la empresa como una de las mejores en publicidad.

¿Mi premio? Dos días de vacaciones y un bono de mil pesos. Mil estúpidos pesos a cambio de los millones que les hice ganar. Vendí muchos carros y sigo llegando al trabajo en camión. “Lo que importa es que tenemos salud, Rigo. No te quejes”, la voz de mi madre sigue apareciendo en mi mente. “Si no nos quejamos, además de pobres somos pendejos”, recuerdo que le contesté una vez, cuando era adolescente. “No todos los niños tienen tus oportunidades, aprovéchalas”. Siempre terminaba así las discusiones, recordándome que había tenido que elegir entre yo y mi gemelo. Es cierto, yo tenía un gemelo, ¿cómo pude olvidarlo? Ahora recuerdo que en secundaria, al hacer mi árbol genealógico, anduve como loco tratando de encontrarlo ¿Será él?

Entro a mi casa, repito al revés el protocolo de todas las mañanas: aflojo mi corbata, me quito el pantalón, los zapatos y la camisa. Me quedó así por un rato, en calzones y playera de tirantes, descalzo. Voy a la cocina. Pongo a hervir un poco de agua y me preparo una sopa instantánea. ¡Mi teléfono! Lo prendo. ¡Alfredo aceptó mi solicitud de amistad! Ahora puedo ver el resto de sus fotos que estaban ocultas.

Parece que vive cerca de donde está mi oficina. Hay una foto de él con su esposa embarazada, están comiendo un elote en el parque de esa colonia, ahí donde mis compañeros y yo salimos a desayunar cuando llevamos comida. Un nuevo mensaje.

-Hola, carnal. ¿Cuál de estos vas a querer? Ya sabes, te lo dejo barato, hasta me lo puedes ir pagando cada quincena.

Es él, Alfredo. Además del mensaje mandó una foto, en ella se muestran diez teléfonos celulares en una mesa, todos se ven usados, algunos tienen la pantalla estrellada. No me quedan dudadas de que son robados. Le pregunto cualquier cosa para seguir hablando.

– ¿En cuánto me dejas el nuevo? Ese que según tiene reconocimiento facial

-Te sale en cuatro mil varos, hermanito. Te lo llevo a cualquier lugar de la ciudad. Está barato porque no tiene cargador. El de la foto es seminuevo, pero si me das chance te consigo uno mejor.

-Deja que llegue la quincena y te vuelvo a mandar mensaje.

-Cámara, ahí me avisas.

¡Es un ratero! Bueno, igual puede ser sólo quien venda los teléfonos. Sea como sea, su trabajo es más entretenido que el mío. Correr de la policía lo debe de mantener delgado y no con una panza como la que yo tengo. ¿Qué estoy pensando? Jamás me atrevería a asaltar a nadie. Si ni siquiera tuve el valor de exigir el aumento de sueldo que me correspondía, mucho menos podría quitarle su dinero y celular a un desconocido. Sería un pésimo ratero. ¿Qué casualidades lo habrán llevado a esa vida?

Pinches puercos pendejos, casi me agarran esta vez. Ya quiero dejar de robar pero si no consigo dinero, Lucía no me dejará ver a mi hija. Apenas cumplió un año y cuando regresé de la chamba ya no estaban ni mi vieja ni mi morrita. En corto fui a buscarla a casa de su jefa. Doña Rosa no me dijo que nel, que no me iba a dejar pasar y que estaba bien pendejo si creía que su hija y su nieta iban a regresar a mi casa. Pinche ruca, me cae que no le partí su madre nomás porque es vieja y yo las respeto. Si fuera un cabrón ya le habría enseñado que su hija será siempre mía.

Traté de explicarle que yo nada más atraco, que soy un buen hombre para su hija, pero le valió madres y me cerró la puerta en la jeta. Ni pedo. Tengo un plan para recuperar a mi vieja. Voy a chingarle más esta semana, a robar todo lo que pueda y luego lo dejo para siempre. A la chingada esta vida, mi hija lo vale. No quiero que crezca sola, así como yo crecí sin mamá ni papá. La vida ya es muy culera como para preocuparse por un padre encarcelado, o peor, muerto.

✎✎

Regreso del trabajo. Me dejaron salir temprano con la condición de que para mañana les lleve una campaña para un nuevo refresco. Tanto tiempo que he hecho lo mismo y no pueden hacerlo solos. Los hombres somos estúpidos, lo hacemos todo para impresionar mujeres, usen eso en una historia de un minuto y listo. Con esa estrategia vendería hasta la mierda.

Me quito el pantalón y la camisa, ese horrible disfraz que uso para representar mi papel de empleado promedio, de “creativo en publicidad”. Me veo en el espejo. Lo bueno de no tener tanto cabello es que no se me notan las canas. Me acuesto un momento en la cama. En la cabecera tengo una foto de mi madre. Estamos en el zoológico, tengo la cara pintada de payaso y aunque ella sonríe, puedo notar su tristeza. Sus ojos tienen algo que me parece familiar. Me paro sobre la cama  para observar mejor la foto. La quito de la pared e intento sacarla del marco para verla mejor. ¡Hay otra foto debajo de la primera! En ella aparece mi madre cargando a un bebé, está acompañada de un señor ¿mi padre? El señor está cargando a otro bebé. Quizá esta sea la única foto que hay de mi hermano.

Veo la imagen por varios minutos. Tengo los ojos del hombre que aparece en esa foto. Intento recordar lo que mi madre me contó sobre mi papá. Según me dijo, mi padre murió cuando yo tenía un año, desde entonces ella tuvo que trabajar. El dinero no le alcanzaba para darle de comer a dos hijos y pagar la renta. Una vecina le ayudaba de vez en cuando, una vez le dijo “Si quieres yo te puedo cuidar a un niño, Esther. Conmigo no le faltará nada”. Mi madre se negó al principio, pero cuando la despidieron de la fábrica donde trabajaba y se cumplió el mes de renta, tuvo que decidir entre uno de los dos. También tuvimos que irnos a vivir a otro lado, un cuarto más pequeño. Siguió trabajando toda su vida para sacarme adelante. Recuerdo su cara de felicidad cuando terminé la carrera, se podía notar en sus ojos algo de nostalgia. No puedo evitar llorar.

“Recuerda que hay niños que no tienen tus oportunidades, Rigo”.

☠ ☠

Entre nosotros los lacras tenemos una creencia, si en el primer asalto no picas a alguien, te va a ir mal en todo el día. Te pueden hasta agarrar. Un cuchillo no es de confianza, se puede doblar y si la gente te ve desarmado, ya valiste, por eso uso un desarmador. Toco el nombre de mi hija que tengo tatuado en mi brazo izquierdo, Jimena. Me persigno ante la virgencita que está en la parada del camión y me subo a robar. Trato de picar al primer don que se me atreviese, siempre en las piernas para que no se vayan a morir ahí mismo los culeros. Ya chingando a uno, todos los demás se asustan y aflojan los celulares y la lana. Este que viene es mi cuarto camión del día.

✎✎✎

Ahí está Alfredo, en la parada de la virgen. ¡Se va a subir! Espero que se siente a lado de mí, así podría hacerle la plática. Decirle que somos hermanos, ayudarle en lo que necesite. Conocer a su familia. Lo veo hablar algo con el chofer. No cabe duda de que es mi hermano, toda su cara es la de mi mamá.

☠ ☠ ☠

¡A ver hijos de la chingada! ¡Ya valieron verga! El chofer no va a avanzar hasta que todos se caigan con sus celulares y carteras. Si alguien se quiere pasar de pendejo va a valer madres. No me tiemblan los huevos para picarlos. Saquen todo culeros.

– ¡Alfredo!

– ¿Quién eres, cabrón? ¿Por qué me conoces? ¡Dame tu teléfono, pendejo! ¡órale, puto! ¿O quieres que te pique?

– Somos hermanos, Alfredo.

-No digas mamadas, wey. Ya, dame tus cosas.

-Tienes los ojos de mi ma…

Pinche wey loco. Lo que la gente inventa para no soltar su teléfono. Están bien pendejos, prefieren dar su vida que un aparato. Ni pedo, lo tuve que picar. Valió la pena, este celular es de los nuevos, esos que reconocen tu jeta y toda la cosa. Lo vendo y ya con eso tengo una buena lana para que Lucía y Jimena regresen conmigo. A la chingada esta vida.

✎✎✎✎

La herida no fue grave. En el hospital me dijeron que el desarmador no tocó ninguna vena importante y el músculo se mi pierna se recuperará. Estaré dos semanas sin ir al trabajo. Prendo mi computadora. ¡Vale madres! ¿Cuántas horas tendré que trabajar para comprarme de nuevo un celular? Me llega un mensaje.

-Ya tengo el teléfono que me pediste, carnal. Te lo dejo en tres mil varos, ya para que te animes.

-Vete a la chingada, puto ratero.

Lo bloqueo. Al final no nos parecemos tanto. Su vida debe ser más horrible que la mía.

Viva México

Viva la Virgen Lupita,
arriba el PRI, la corrupción.
Tómate dos tequilitas,
pon a dormir a la razón

Levántate más temprano,
no culpes al presidente.
Nos penetran por el ano
y aquí seguimos sonrientes

Ya me hice el que no sabía.
Tengo ganas de irme lejos.
Hasta voté por un puerco.

Me cago en sus fantasías,
¿de qué se ríen pendejos?
Mis hermanos están muertos.